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domingo, 23 de noviembre de 2008

ARTILUGIOS PRODUCTORES DE IMÁGENES



Nuestros niños y jóvenes se ven permanentemente rodeados de artilugios tecnológicos productores de imágenes. Así, televisiones, vídeos, consolas, ordenadores, móviles y un largo etcétera más de aparatos, acaparan casi todo su interés, condicionándolos y llegando a influir, cuando no manipular, sus modos de actuación.

Como educador en contacto permanente con niños y jóvenes desde hace algo más de veinte años, vengo observando el progresivo deterioro educativo de nuestros vástagos. Quizás el motivo no pueda ser explicado desde un único ángulo y muy probablemente tenga que ver con la progresiva desatención de la socialización primaria en el seno familiar, en la propia concepción de familia, en el cambio de valores sociales, en la insuficiente autoridad del profesorado, etc. etc. pero pocas veces se levantan voces contra ese otro factor que supone las constantes invitaciones dirigidas a niños y jóvenes hacia el consumo tecnológico y la estética imaginaria que acompaña ese "nuevo orden".

El hecho de que nuestros hijos actualmente lleguen a secundaria sin saber leer o escribir, sin entender lo que están leyendo, o que en los últimos años se haya triplicado el índice de fracaso escolar, que la OCDE sitúe a nuestros niños y niñas por debajo de la media en capacidad de lectura, en matemáticas o en estudios científicos, es una consecuencia de muchos factores pero, a mi entender, la excesiva virtualidad iconográfica y el discurso mediático que sobrepone el espectáculo al rigor expositivo ayudan sobremanera a promover la pasividad mental a idiotizar y a neutralizar la capacidad cognoscitiva de quienes caen en la fascinación de la imagen cambiante y la seducción de sus efectos virtuales, especialmente la de aquellos más vulnerables por ser más receptivos; los niños y los jóvenes.

Es responsabilidad de toda la sociedad analizar en profundidad de qué manera están influyendo los discursos audiovisuales promovidos a través de los artilugios productores de imágenes en nuestros niños y niñas antes de que sea demasiado tarde y ese nuevo "orden homogenizador" se alce definitivamente como instrumento de dominación social mediante la conversión de personas críticas en consumidores pasivos, objetivo último de las "seductoras imágenes".

AL ARTE POR LA CURIOSIDAD

AL ARTE POR LA CURIOSIDAD


Porque no somos objetos sino sujetos, nuestro mundo interior y la realidad que nos rodea son interpretados desde muy diversas ópticas. Tanto la percepción como los sentimientos humanos se parecen más a un calidoscopio que a un mecanismo de precisión. Somos similares a ese tubo opaco que poco a poco se va llenando de cuentas de colores para después formar infinidad de figuras variadas. El tubo vendría a ser nuestra personalidad mientras que las minúsculas piedras cromáticas son depositadas en nuestra mente por la tradición, la cultura y los valores de la sociedad en la que nos desenvolvemos.

Cuando nos acercarnos al maravilloso mundo del arte, si nos dejásemos llevar por esa misma curiosidad con la que solemos ver un calidoscopio, a buen seguro, más pronto que tarde, acabaríamos siendo fascinados por la magia del color y las figuras artísticas. Tener curiosidad, querer conocer y saber, es la cualidad primordial para asomarnos al mundo de la creación plástica. Debemos comportarnos como lo haría un investigador privado e indagar, buscar, analizar, examinar, en definitiva, ser un poco curiosi para armarnos de pasión. Si así lo hacemos, poco a poco, casi sin darnos cuenta llegaremos a la conclusión que el arte e incluso pintar, dibujar o esculpir no es tan complicado como nos creemos, que no es más que el alarde de una habilidad en todos latente, aunque, por desgracia, muchísimas veces la desidia, o sea, la falta de curiosidad nos impida desarrollarla.

Efectivamente, esa actitud de fisgoneo o huroneo artístico hará aumentar nuestras posibilidades, ampliará nuestras experiencias, y a la larga, nos facilitará descubrir que el arte nació del ser humano para aportarle sensibilidad vital frente a la inclemente nada de la muerte y, al mismo tiempo, para oponerle un denodado anverso a esa terrible y suicida aspiración de la actual sociedad del ocio por “matar el tiempo”. La creatividad (artística, literaria, científica, tecnológica, etc.) es la más eficaz arma de los mortales para luchar contra el miserable y cobarde miedo a vivir.