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lunes, 24 de mayo de 2010

TECNOLOGÍA, CULTURA Y SOCIEDAD

TECNOLOGÍA, CULTURA Y SOCIEDAD



La tecnología integra técnicas con conocimientos científicos, valores culturales y formas de organización de la sociedad. Está orientada a objetivos sociales predeterminados y es la principal herramienta de trabajo del ser humano, pero como toda herramienta, para sacarle racionalmente el máximo provecho y que no lo condicione, hay que conocerla y utilizarla correctamente, teniendo cuenta también el impacto sociocultural que ocasione a la sociedad. El problema es que todo cambio y desarrollo cultural implica un complejo entramado interactivo en el que se entrelazan técnicas, artefactos materiales, grupos y organizaciones sociales, instituciones..., junto con diversas interpretaciones, valoraciones, legitimaciones y cosmovisiones. Es justo en esta complejidad cultural donde se deben analizar y evaluar los diversos modelos de desarrollo social.


Evidentemente, a día de hoy nadie pone en entredicho que las transformaciones producidas por la tecnología en la economía y el conocimiento tienen efectos culturales de primera magnitud. Frente a este hecho inevitable, las políticas culturales deberán facilitar estas transformaciones y potenciar la capacidad de la población para llevarlas a cabo porque el valor estratégico de la cultura como difusor de estándares simbólicos y comunicativos; base en la que fundamentar las identidades colectivas, y por lo tanto las identidades de las naciones y de los estados; por tener efectos positivos, tanto económicos como sociales, al desarrollar la creatividad, la autoestima y una imagen positiva de las personas y los territorios; y finalmente por la necesidad de preservar el patrimonio colectivo de carácter cultural, histórico o natural, se configura y construye poco a poco, no como una realidad uniforme, única y monolítica, sino, compleja plural y diversa.


Por ese motivo, la política cultural relacionada con la tecnología, además de continuar ocupándose de los temas usuales de siempre, deberá abrirse hacia otros ámbitos de la cultura, entendiendo esta desde una visión poliédrica que incluya vertientes antropológicas, institucionales y sociológicas. Contrariamente a la homogeneización cultural y económica promovida por las formas de desarrollo dominante que emplea las tecnologías actuales para expandirse, la sociedad debería pensar en un modelo de diversificación, o sea, basado en la máxima diversidad y compatibilidad intra e interculturales, como el modelo más apropiado frente a los programas de desarrollo universalistas y planteamientos de globalización uniformadores. Un modelo de autonomía cultural compatible con prácticas y ámbitos, grupos y organizaciones sociales, con interpretaciones diversas, legitimaciones y cosmovisiones; constituir cada cultura en su sentido más amplio.

Debe quedar claro entonces que transferir tecnología no es simplemente la aplicación de principios conocidos, sino la ocasión para adquirir nuevos conocimientos, y desarrollar el ingenio, la creatividad, la habilidad, etc. El desarrollo tecnológico como proceso complejo que es, es también un proceso cultural, social y psicológico, al cual corresponden cambios en las actitudes, pensamientos, valores, creencias y comportamientos humanos que afectan a todo el proceso cultural humano.

Mingos Teixeira

Artista plástico y educador

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